Conmemorar para olvidar, la agenda de la expropiación simulada en el reconocimiento “Día Internacional de los Pueblos Indígenas”.

Oaxaca de Juárez, Oax. 10 de agosto de 2018.- En el transcurso del sexto siglo de haberse dado la colonización, que muchos escritores ahora refieren como el inicio del saqueo y la explotación, hoy en tiempo modernos, los pueblos originarios vivimos escenarios similares a los descritos por los libros de historia que narran los sucesos de la conquista, para el caso de México.

Sin embargo, pareciera que el objetivo, de quienes buscan el dominio de la riqueza en México, es dominar a través de la política de la simulación para/con los pueblos originarios.

Externar que la política orientada a la búsqueda de la justicia para nuestros pueblos es simulada, representa un compromiso particular de quién lo señala por mostrar a través del conocimiento empírico la veracidad de su hipótesis, y tiene en contra, durante el proceso de su exposición, la estructura del Estado mismo. Estado que ha reproducido sistemáticamente, en México, el pensamiento de dominio, control y sometimiento a través de la fuerza para atender los intereses del mercado.

En otras palabras, tenemos un gobierno para los capitales y no un gobierno del pueblo mismo como se enarbola a través del concepto de la democracia, aunque en el discurso eso se busque hacernos creer.

El pueblo de México es mancillado reiterativamente, la simulación de “gobernar para todos” se recrudece cuando vemos los indicadores de desigualdad entre nuestra población. La acumulación de la riqueza en poder de unos pocos es producto de una política de mercado, que bajo el discurso de “libertad” pregona “apertura” para todos, pero se desentiende de lo social, principalmente del trabajador, y esto impulsan los gobiernos.

Si obviamos en nuestro análisis esta situación económica, estaremos entonces generando un escrito absurdo, como los hay en cantidades, que por no generar controversia con el sistema político se limitan a un análisis escueto del momento, y es ahí donde buscan encausarnos, en la mediocridad.

La situación de los pueblos étnicos en México es crítica, su organización se ve continuamente amenazada por el institucionalismo del Estado mexicano, los modelos de gobiernos de jerarquías arremeten contra la organización comunitaria, y en circunstancias diversas, se aprovechan de su solidaridad, cooperación y hermandad, cual minera que solo busca la extracción de un mineral.

Delimitando nuestro contexto, en el caso de Oaxaca, se cuentan con 417 municipios que eligen a sus autoridades bajo la categoría de sistemas normativos internos. Dicha categoría ha sido adscrita a través de las instituciones bajo el calor de la agenda internacional del reconocimiento de los derechos de los pueblos étnicos, es decir, se reconoce el principio pero no se analiza el contexto, pues muchos de estos municipios representan el espacio ideal para la reproducción de cacicazgos que se han vuelto un instrumento para someter a las comunidades étnicas, prueba de ello lo hayamos en los casos donde las comunidades, reconocidas como agencias municipales y de policías, demandan exclusión por parte de la cabecera municipal.

Por otra parte, retomando el proceso electoral pasado, en Oaxaca, tenemos tradición en el reconocimiento de los procedimientos internos de los 417 municipios, sin embargo, en la reciente redistritación política del Estado de Oaxaca, no se reconocen distritos indígenas como sucedió en el acuerdo del 2005 del Instituto Federal Electoral (hoy INE) donde se reconocen 28 distritos indígenas, reconocer esta diferencia en Oaxaca representaría para los partidos políticos un riesgo en sus cuotas de poder, en tanto no hubo disposición para ello, lo que muestra una vez más que ha sido la resistencia y la lucha de los pueblos étnicos lo que las mantiene vivas y no la visión seudo-demócrata de las instituciones.

En este sentido, el día internacional de los pueblos indígenas, cada 9 de agosto, nos marca una fecha para conmemorar, y por qué habremos de conmemorar o quiénes han de conmemorar.

Quienes conmemoran son ellos, los otros, los no indígenas, y lo hacen para cubrir una necesidad de apertura y sobriedad política, lo que hoy llaman integración. En eso radica la política de simulación, pues en tanto se conmemoran fechas, a la par, se concesionan tierras para extraer los minerales sin importar la vida de quienes ahí habitan, se conmemora para olvidar que los pueblos étnicos no tienen representación política en los parlamentos, y más que simulación podríamos llamarle la política de la hipocresía.

Russell Mariano. Politólogo y administrador público.