El abstencionismo es uno de los principales problemas de la democracia, hasta ahí se ha discutido, pues la no participación de la ciudadanía responde a muchos factores, en este caso, la negación de las instituciones, y ésta negación deviene, principalmente, de la conducción de las instituciones públicas, es decir, qué tanto la ciudadanía cree en el desempeño de sus instituciones, sobre éste último punto habremos de saber que éstas no gozan de buena reputación, de ahí el interés o, propiamente dicho, desinterés de la ciudadanía por involucrarse en temas como las elecciones y otras formas de participar vinculatoriamente con las instancias públicas, en ese sentido el proceso electoral se vuelve una “fiesta democrática”, como lo hace llamar los órganos electorales, y en efecto fiesta pero para quiénes y para cuántos

Las interrogantes expuestas, permanecen en el tiempo, principalmente en los estudios poselectorales cuando se analizan los resultados, entonces el problema del abstencionismo resurge, sin embargo, poco o nada se hace previo a cada jornada electoral, pues podemos observar un comportamiento estático en los números, por ejemplo, los resultados arrojados en la elección presidencial de 2006 hubo un abstencionismo del 41.45%,y en las elecciones presidenciales de 2012, el abstencionismo fue del 36.92% similar a lo obtenido en el 2000, en ese sentido el escenario sobre el abstencionismo en este proceso electoral no podría ser diferente.

En el discurso oficial, de las instituciones políticas, se atiende tema del abstencionismo como un elemento propio de la democracia, es decir, se toma con naturalidad que siempre habrá un porcentaje de ciudadanas y ciudadanos que se abstienen de ejercer su derecho al voto, y es muy válido, sin embargo, es importante señalar que quién se abstiene, en este caso de ejercer su derecho a voto, tienen pleno conocimiento de ello, en tanto, es consciente de su actuar, caso contrario, en un supuesto de desconocer o carece de cierta información no podríamos hablar de abstencionismo, estaríamos frente a la negación del quehacer institucional, esto responsabiliza a los óranos políticos, a las instituciones mismas, al sistema propiamente dicho.

De acuerdo a lo expuesto, no puede hablarse de un abstencionismo como un comportamiento propio de la ciudadanía porque ese comportamiento es la suma de oros factores como el desempeño de los gobiernos, de los órganos electorales y de los partidos políticos. Entonces el abstencionismo es producto de ésta suma de factores, y es responsabilidad de las instancias atender el llamado. Sin embargo, derivado del desempeño de los actos citados, estaríamos frente al fenómeno de la indiferencia, situación que agrava la relación gobernante-gobernados, pues la indiferencia no es como el abstencionismo, que se expresa en un proceso electoral, ésta se mantiene en el transcurso de la vida pública, situación que provoca un fuerte distanciamiento entre gobierno y ciudadanía, siendo así testigos de escenarios graves de ingobernabilidad.

Para las instituciones públicas es suficiente con habar de abstencionismo, pus hablar de indiferencia es aceptar el fracaso del sistema político, en tanto las jornadas electorales se vuelven la vía para la pugna por los cargos no para la reestructuración del Estado, en ese sentido estamos frente a un escenario similar al resto de los procesos electorales pasados, el porcentaje de votantes se mantiene como en elecciones pasadas, aunque ahora focalizados en favor de ya saben quién, aunque espero, en verdad, se incremente el porcentaje de participantes, en el escenario federal, en lo local, ese tema lo abordaré en otro escrito.

Russell Mariano, politólogo y administrador público.