Política en 90

Combate a la corrupción en el sector empresarial.

Oaxaca de Juárez, Oax. 7 de agosto de 2018.- La corrupción no es únicamente un fenómeno gubernamental. Es algo social. Su concepto mismo habla de “privados” dispuestos a extraer recursos de “lo público” o, dicho de otra forma, autoridades que abusan de su poder y ciudadanía o empresas que están dispuestas a obtener beneficios.

Por lo anterior y si queremos atacar el problema por completo, el sector empresarial es fundamental en el combate a la corrupción. Y es que en nuestro país, según el INEGI, en 2016 las empresas gastaron en actos de corrupción 1 mil 600 millones de pesos. Además, de acuerdo con la Encuesta de Fraude y Corrupción en México de KPMG, en 2008 el 43% de las y los empresarios pagaron sobornos al Estado con distintos objetivos, el principal corresponde a agilizar trámites.

Normalmente, las empresas pequeñas participan en los actos de corrupción por temor a sufrir consecuencias negativas. Por el contrario, los grandes corporativos son, en la mayoría de las ocasiones, quienes propician el inicio de esquemas de sobornos o financiamientos que provocan compromisos futuros con autoridades para favorecer licitaciones y contratos.

El investigador Fernando Nieto del Colegio de México distingue a la corrupción empresarial de dos formas: la que se da entre las empresas y el Estado, con los sobornos; así como la corrupción corporativa que se presenta con fraudes en compras internas y manipulaciones contables, principalmente.

Según la asociación civil Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, el ciclo de la corrupción para una empresa tiene que ver con tres factores: riesgos, ganancias y oportunidades. Actualmente el esquema de oportunidades y ganancias es muy alto ante la impunidad existente adentro y afuera de las empresas. Por ello se debe aspirar a incrementar la ventana de riesgos con mayores sanciones, mayor conocimiento de ellas y autoridades más enérgicas y comprometidas en atacar el fenómeno. Y se debe empezar desde el interior de las empresas con reglas y políticas claras.

Es por ello que el sector empresarial debe empujar la llamada “integridad corporativa”, es decir, que desde las empresas mismas se pongan reglas que reduzcan la participación de las y los empleados en actos de corrupción. Lo anterior, se dará con la existencia de códigos de ética y políticas anticorrupción públicas para las y los clientes, proveedores y empleados.

En las políticas anticorrupción empresariales se tiene que integrar a las y los directivos como sujetos de sanción; debe haber claridad en cuanto a las consecuencias y a las reglas, por ejemplo para temas como viáticos, regalos, donaciones, mecanismos de cobro y facturaciones; asimismo, deben abrirse espacios de denuncia al interior del corporativo, esto para acabar con círculos de complicidad.

Jorge Oropeza. Presidente del Colegio de Profesionistas Compartir Conocimiento A.C.