Política en 90

Oaxaca de Juárez, Oax. 12 de noviembre de 2018.- Hoy que se construye una política nacional anticorrupción, en México se ha puesto sobre la mesa un tema que es fundamental para combatir el fenómeno: la educación. Éste es un eje indispensable para cambiar los esquemas culturales y de construcción de valores en la población, situaciones que hoy por hoy hacen del entorno actual un caldo de cultivo para la corrupción de las instituciones.

Por lo tanto, si estamos generando políticas públicas para atacar la corrupción se deben incluir ajustes en educación básica y media superior y superior. Es decir, cruzar las reformas anticorrupción con las educativas que se avecinan. El momento es ahora.

En cuanto a educación básica se deben integrar contenidos y esquemas en un modelo educativo que promueva los valores fundamentales del civismo, el patriotismo, la honestidad, la vida en comunidad y la integridad social. Actualmente existen espacios de autonomía curricular y de desarrollo socioemocional que pueden empujar estas acciones. Asimismo, existe una relación directa entre la construcción de estos valores y el buen desarrollo de las educaciones física y artística.

Además de intervenir en el modelo curricular para atacar la corrupción, también deben existir entornos propios en el sistema educativo que permitan predicar con el ejemplo y que, en automático, esos valores aprendidos sean aprehendidos en la práctica diaria. Para ello, se requieren – de cualquier forma como sea que se planteen – mecanismos que privilegien el mérito profesional sobre los criterios políticos dentro del magisterio. Y de ahí debe expandirse hacia todos y todas las profesionistas. Esto es indispensable. El ingreso, los ascensos, las promociones y cualquier tipo de incentivo deben basarse en el esfuerzo.

Con el modelo enfocado y el mérito como principio del desarrollo profesional, la educación básica debe incluir la participación ciudadana en los esquemas de colaboración con la escuela. Aquí, un factor clave son los padres y las madres de familia. Y tienen que intervenir activamente en la promoción de valores y en las actividades educativas de la mano de las y los docentes y sus hijos e hijas. Se debe desarrollar una amplia comunidad escolar vinculada al hogar. Y en esto, el  magisterio es el gran facilitador. Aquí se ubica la trascendencia de su labor social por encima de la pedagógica.

Finalmente, para cerrar el círculo de la educación y el desarrollo de la integridad para el combate a la corrupción, en el caso de la educación media superior y superior se tienen que construir currículas y modelos que preparen a las y los jóvenes para la vida profesional activa con enfoques meritorios y de desarrollo de conciencia, maximizando la vida académica por encima del activismo político.

Jorge Oropeza. Presidente del Colegio de Profesionistas Compartir Conocimiento A.C.