En época de elecciones las líneas “ideológicas” de los partidos políticos en México se vuelven tenues, o mejor dicho se borran, aunque antes de elecciones tampoco son muy claras, la dicotomía izquierda-derecha se vuelve una moda en el discurso de los unos para denostar a los otros y viceversa, pero pocas veces se utiliza para referenciar la carga ideológica de una forma de gobierno ¿será que no la hay, y el interés son únicamente los cargos?

Y cuando refiero que no hay identidad “ideológica”, invito a observar y analizar los discursos y las propuestas de campaña ¿tienen algún  sentido? porque tampoco podríamos llamar a ello programas de trabajo.

Una vez analizadas, entonces habremos de darnos cuenta de que el fin último de todas las PROMESAS se vuelca en la necesidad eterna de JUSTICIA, en todos los sentidos; económica, político y social, claro, es una necesidad por demás evidente.

Pues bien, ellos son las candidatas y los candidatos, ellos son las propuestas partidarias, ¿y los otros?, en efecto nosotros, la ciudadanía, los electores que papel jugamos (esperar segunda parte).

De vuelta al tema central, la necesidad de los partidos políticos por desprenderse de sus vínculos “ideológicos” durante los procesos electorales responde al interés neto de la suma de sufragios, es decir, tratar por todos los medios necesarios vincular sus propuestas de campaña con los intereses y necesidades de los diferentes sectores sociales para que la mayoría de estos opten por determinada propuesta, bajo esta lógica pareciera que el electorado es insipiente, es decir, la emisión de su voto lo relaciona con el supuesto de un beneficio para sí, no para el colectivo y lo mismo da votar por uno que por otro, no hay criterio ni identidad, en ese sentido podríamos señalar que hay una crisis en la cultura política o definitivamente no la hay. ¿A las instituciones políticas les interesa? pareciera que no, una ciudadanía culta políticamente es una ciudadanía exigente, no en campañas, en el ejercicio de gobierno.

En este escenario poco importa el proyecto, y menos la ideología. Corroborarlo es sencillo, un simple rumor, cargado de denostación de unos y otros, basta para menguar la intención del voto. Es claro, los partidos adolecen de un programa de base, de principios y de ideología respecto a la visión de Estado/Nación, estamos frente a un tumulto de partidos electoreros.

Pareciera que los acelerados cambios de la modernización han causado estrados en la identidad partidaria, poco se hablan de principios ideológicos y mucho se habla de promesas de campaña, sin embargo aún queda el tema de la cultura política, de nosotros los ciudadanos, de los electores, es ahí donde tenemos que mantener un riguroso análisis de la praxis.

De esa práctica de la que poco se habla y mucho se aprende, la acción comunitaria, quizás estemos frente a un proceso de construcción identitaria basada en la etnicidad de nuestros pueblos, pero nos ha ganado la efervescencia electoral y nos arrastra el fenómeno de la globalización, tanto, que al igual que se borran los principios ideológicos en los partidos, estamos olvidando nuestra esencia propia de organización.

Russell Mariano. Politólogo y administrador público.