Oaxaca de Juárez, Oax. 22 de octubre de 2018.- La expresión de la sociedad mexicana, en redes sociales, respecto a la caravana de los migrantes de Centroamérica que en días pasado arribó a las fronteras de México con Guatemala, ha resultado muy polémica, principalmente cuando la generalidad de los mensajes vertidos en Facebook y twitter manifestaron cierto sesgo de desprecio, denostación y agresión por el hecho.

Por otra parte, otro sector de la población, a través de los mismos medios, se indigna, cuestiona y cataloga tales expresiones como racista y elitista, y hay razón en ello, pero ¿es ese el problema? Las opiniones se dividen, podemos identificar dos bloques, uno en apoyo y en contra, pero entonces, otra interrogante ¿quién tiene la razón? Si es que hay razón alguna en ambas opiniones.

La discusión se vuelve incipiente, la razón les asiste, a ambos bloques si se sigue en la interrogante del acto, sobrarán argumentos y el debate se torna estéril y no vamos a ningún lado, pues los comentarios solo son eso, expresiones del momento sostenidos del contexto en el que se desenvuelve la persona que se expresa sobre el hecho, no sobre el problema.

Lo que sí podemos observar es una confrontación de percepciones, pues si existen sesgos de irracionalidad en los primeros, los hay también en los segundos, pues la discusión en redes cae en la descalificación.

Así también, podemos observar que en esta polarización de las ideas encontramos parte de la idiosincrasia del mexicano, así piensa y así se expresa, pero si he dicho antes, que no habremos de quedarnos en la espontaneidad, entonces la interrogante sería ¿por qué pensamos lo que pensamos? Y no es una discusión de quién tienen la razón de los dos polos identificados, sino cuestionar las bases de la construcción de nuestro pensamiento, es decir, quién nos ha educado para pensar lo que penamos.

Las redes sociales nos muestran el México del presente, así nos expresamos, y no es momento para juicios de valor, quién habría de hacerlo, en qué condiciones si no nos detenemos a debatir el problema; sus orígenes y sus causas, seguimos en la discusión entre iguales sin reconocernos como tales, la carga de la individualidad es tan certera que no nos deja avanzar más allá y nos negamos a reconocerlo, si obviamos nuestra condición social, la conciencia de clase es entonces inalcanzable en tales circunstancias.

La negación de nuestra condición es no asumirse en nuestra realidad, y en México por décadas hemos emigrado por subsistir, y la manifestación simbólica de la caravana de migrantes, es solo un botón de los estragos que está generando este sistema neoliberal, nosotros también somos migrantes, y las grandes remesas que sostienen la economía de nuestro país es producto de ese fenómeno, pero nos obligan a no ver nuestra realidad y no mostramos resistencia ante ello, en tanto sigamos en la vaguedad de nuestro debate, quizás veamos a nuestros hijos caminar en caravana, y seguiremos negando nuestra condición de oprimidos discutiendo en nuestra posición acomodada, aunque no la tengamos, pero nos hacen creer en ella, seguiremos discutiendo entre nosotros, los que se solidarizan y los que condenan, en tanto el sistema cubre su ciclo, porque hasta ahora la opinión del sensato vertido en redes, solo tiene como enemigo a su semejante que acusa de ignorante.

Jesús Russell. Politólogo y administrador público.