Oaxaca de Juárez, Oax. 7 de noviembre de 2018.- El uso del lenguaje incluyente ya es parte de la política mexicana. Utilizarlo se vuelve moralmente correcto para demostrar que existe un sentido mínimo de defensa sobre la llamada equidad de género. Hoy las leyes mexicanas protegen la paridad, es decir, que obligatoriamente en los espacios públicos haya al menos igual número de mujeres que hombres.

Un logro en esta materia se presenta con la actual conformación del Congreso de la Unión, en donde se ha logrado que haya – entre Diputaciones Federales y Senadurías – prácticamente el mismo número de legisladoras mujeres que hombres. Por ello, desde las leyes mexicanas, el lenguaje incluyente es lo políticamente correcto, aunque va en contra de las normas lingüísticas vigentes.

Para explicarlo sencillamente, el lenguaje incluyente es aquel que despliega lo femenino y lo masculino, haciendo flexibles las reglas de la Real Academia Española (RAE). Así es como ahora decimos “las y los niños” o “mexicanos y mexicanas”. O, en apego de esta corriente, algunos utilizan los arrobas (@), las equis (x) o las es (e). El expresidente Vicente Fox fue el primero que – muy a su estilo – elevó este debate al escenario de la política nacional y colocó la obligatoriedad de promover el lenguaje incluyente en la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación.

Sin embargo, ante este lenguaje político, se encuentra la norma lingüística que – para muchas personas – pareciera ha sido gravemente vulnerada. Y es que la RAE es clara: la forma correcta para mencionar, sencilla y económicamente, a hombres y mujeres es utilizando el masculino en plural como neutro; es decir, para hablar de hombres y mujeres que estudian, simplemente se dice “los estudiantes”.

Lo correcto en cuanto a las reglas de la lengua española se vuelve políticamente incorrecto porque excluye la existencia de las mujeres desde el vocabulario. Y lo que no se nombra no se ve.

No cabe duda que la lengua es un reflejo de la cultura. E históricamente, durante distintas etapas de la humanidad, se ha excluido la presencia de las mujeres en la vida pública y privada. Es por eso que hoy, ante una mayor inclusión política en la realidad mexicana, se hace tan presente esta corriente del uso del lenguaje.

El debate está entre ser sexista pero normativamente correcto o ser incluyente pero incorrecto en el respeto de las reglas de la RAE. Tener conciencia de esto puede facilitarnos entender este fuerte debate permanente – por ejemplo – en las redes sociales.

Consideremos que desde su origen el lenguaje crece y se adapta al uso frecuente que se le da. Ésa es la apuesta a futuro del lenguaje incluyente: que termine siendo aceptado por la Real Academia. Todas y todos hemos usado palabras que no estaban en el diccionario y posteriormente se incorporan.

Al final de todo, el lenguaje también es política.

*Jorge Oropeza. Presidente del Colegio de Profesionistas Compartir Conocimiento A.C.