Oaxaca de Juárez, Oax. 12 de marzo de 2018.- El fervor por los procesos electorales resulta muy interesante para los grupos políticos que dominan los espacios de representación popular. Habría quienes externen grupos o partidos políticos, sin embargo, es importante exponer que considero más completo el concepto de grupo político, pues los partidos políticos se vuelven los instrumentos de esos grupos (como actualmente sucede en México), no tendría que ser así pues los partidos políticos representan una institución de organización política para quienes comparten principios e ideología y una visión del mundo particular, de lo que es y lo que se pretende que sea, pero no abundaremos en la reflexión, pero si es necesario hacer la diferenciación para evitar complicaciones.

Cuando refiero que los grupos políticos se valen de los partidos políticos para lograr sus intereses es que podemos observar cómo los diferentes actores políticos se mueven entre la gama partidaria prevaleciente en México para alcanzar el cargo deseado, en estos casos los principios ideológicos de cada partido político es intrascendente; ya habrá ocasión para la práctica, sin embargo “la ocasión” aún parece distante, esperemos no mucho, y en ese trance existen más actores, los principales: la ciudadanía.

La interacción entre los diferentes actores se desenvuelve en la llamada democracia, pero el concepto es muy ambiguo, habría que precisar, entonces se le llama “democracia representativa”, y así es como lo dictan nuestros ordenamientos legales. Pues bien, la democracia representativa responde a la necesidad de representación de todos los grupos sociales, es decir, que todos los sectores de la sociedad tendrían que ser representados políticamente en el parlamento y garantizar el respeto a sus derechos plenos.

En este camino de la democracia representativa cito el tema de los grupos étnicos ¿Podemos hablar de representación?

Bajo el argumento de una democracia representativa, muchos dicen, principalmente la élite política, que ya todo está reglamentado para que todas y todos participemos y tengamos representación, claro al criterio de ellos, sin embargo, la necesidad de representación de los grupos étnicos es una demanda histórica, y una deuda misma de la democracia occidental con nuestros pueblos, entonces, no podemos decir que hay representación política en las instituciones públicas, tenemos que ir más allá, generar los debates y establecer la agenda política, de ello trata la democracia.

En el 2005 se concretan, bajo acuerdo y derivado de la exigencia por el respeto a los derechos políticos de las comunidades étnicas, 28 distritos “indígenas”. Al considerarse a nivel federal los 28 distritos “indígenas” también tenía que entrar a consideración el proceso de organización histórica que los pueblos practican, sin embargo, los partidos políticos nada han hecho al respecto, en otras palabras, se les busca para votar más no para participar. Otras vías para que los grupos étnicos alcancen la representación política son incongruentes y distantes de la misma práctica democrática, al respecto estamos frente a un proceso de tergiversación del concepto mismo de la representación.

A 13 años del acuerdo, no ha existido la voluntad de las instituciones políticas por garantizar la participación plena de los grupos políticos además del desentendimiento de los órganos electorales por hacer efectiva los acuerdos alcanzados.

Cada concepto y cada proceso requieren de un tratamiento especial, no podemos mantenernos en la ligereza de un simple comentario pues estaríamos contribuyendo a la simulación del esquema del cual nos disertamos y cuantiosamente nos mofamos para sobrellevar la desolación.

Agradezco y comparto este espacio, propio para el análisis, la reflexión y la construcción.

Russell Mariano. Politólogo y administrador público.