Lizbeth Flores Barrera
Bienaventurado el pueblo cuyo Dios es Jehová. Salmo 144:15b
El hombre verdaderamente dichoso, felicísimo, es quien tiene al Dios verdadero como su Dios.
El salmista reconoce que solo el pueblo que confía en el Dios verdadero es bienaventurado, es afortunado.
Y es que la verdadera felicidad, la genuina plenitud está en conocer al verdadero Dios.
En el mundo y en el corazón humano hay muchos ídolos, pero ninguno de ellos es Dios; pues Dios es solo uno, el que hizo toda la creación, incluyéndonos a nosotros. Hay muchas cosas en el mundo que parecieran dar la felicidad, la fortuna, pero la verdadera dicha se encuentra en el Dios verdadero y en conocerle.
El Dios verdadero, el de la Biblia, se ha manifestado al ser humano y se dio a conocer en la persona de Cristo, quien es Dios mismo, en quien solo podemos ser perdonados y salvados por la fe en él, quien derramó su vida hasta la muerte en expiación por nuestro pecado; y que resucitó al tercer día conforme a las Escrituras; y él vive hoy, y volverá nuevamente para juzgar a vivos y muertos (2 Timoteo 4:1).
¿Quién es tu Dios? ¿Eres bienaventurado? Porque la verdadera bienaventuranza está en tener al Dios de la Biblia como nuestro Dios. La verdadera felicidad está en conocerle a él, en relacionarnos con él.
La verdadera fortuna, la auténtica felicidad y eterna, está en el Dios eterno, como lo reconoció el rey David, -quien fue el rey de la nación de Israel-, y escribió el Salmo 144, que es bienaventurado el pueblo que tiene a Jehová como Dios.







